domingo, 15 de abril de 2007

La envidia
Envidia sensación desagradable que ocasiona conductas desagradables para los demás. Tradicionalmente ha sido considerada uno de los siete pecados capitales.Este pecado propicia la sensación de que uno podría tener todo lo bueno de los otros. La envidia es un sentimiento negativo del que se habla poco y se sufre en mayor o menor grado de la vida, se trata de un tipo de reacción que tienen la mayoría de los seres humanos y de aquí pueden surgir las mayores aberraciones tanto en sufrimiento personal como de proyección hacia los demás.

Lo peor de la envidia es que se acompaña de una frustrante impresión de que la vida pasa sin vivirla, inmersa en la monotonía o en un devenir insatisfactorio carente de retos atractivos. Es frecuente que esta disposición de ánimo nos conduzca a evitar los contactos sociales, nos acerque al fracaso y produzca esa inseguridad tan característica que disfrazamos de apatía, conformismo y negatividad.

Por culpa de la envidia unido a otros factores, se pueden hacer trabajos de “magia negra” que se utiliza para destruir el entorno armónico de una familia, por el simple hecho de envidiar la felicidad de los demás, hay personas que incluso han llegado agredir a otra persona por no aguantar que fuera más alto o más guapo que el otro, e incluso también uno ha observado que algunas veces un automóvil nuevo que su pintura ha sido totalmente rayada, esto son actos de envidia.

En la envidia todo vale, la ley de la selva y el sálvese quien pueda. Una persona envidiosa para poder procurar la caída de su rival: difaman, insultan, acusan y lo peor es cuando esas personas no tienen más argumentos para hablar en contra, transforman la mentira en verdad y la verdad la convierten en basura, ya que los envidiosos suelen ser como las serpientes venenosas y las navajas de doble filo.

La envidia empieza a surgir en los primeros años de vida, cuando el niño empieza a relacionarse con el grupo familiar y social , si el niño se siente amenazado en su terreno y en lo que mas quiere tiene un sentimiento de vacío, deseara a toda costa conseguir todo lo que no posee o cree que no puede poseer, esto se manifiesta con pataletas, rabietas, es necesario calmar esos disgustos con explicaciones lógicas y enseñándole a dar, para que con ello vaya aprendiendo a tolerar sus frustraciones y controlar las conductas impulsivas, así pues de esta forma aprenderá a respetar las diferencias y valorar sus propias cualidades, es decir en definitiva empezará a madurar.

La vida de esa persona envidiosa no va a gira sobre su propia realidad, sino sobre lo que desearía, sobre lo que no tiene, sobre lo que le falta. La insatisfacción y el vacío es un continuo que le impide gozar de su vida real. La tristeza y el pesimismo le privan de la espontaneidad y la alegría. No sabe reírse con otras personas ni de sí mismo. Sólo lo hace con mofa y desprecio hacia los otros.

Debemos de tener mucha precaución al relacionarnos con otras personas por que los envidiosos se€ disfrazan de ser tu amigo y a la hora de la verdad su interés es perjudicar. Hay que tratar de identificar esas personas que realmente lo que quieren es hundirte y tratar de alejarlas de tu vida lo más pronto posible porque en algún momento de nuestras vidas nos hemos encontrado algún caso similar.

11 comentarios:

Andrés Rodríguez dijo...

Saludos Naty:
El tema de tu ensayo es uno que lamentablemente es una virtud negativa que presentan muchas personas. En un mundo tan competitivo en el que vivimos se presta para que actuemos en contra de los demás. Existen personas que no pueden lograr lo que desean, una casa, un carro, un trabajo, entre otros, y envidian al que lo ha logrado, desearían tenerlo ellos. Es como tú dices, tenemos que cuidarnos de este tipo de persona ya que los tenemos a nuestro alrededor, en la familia, en el trabajo, algunas de “nuestras amistades” y no sabemos con las intenciones que se nos acercan. La envidia es una emoción experimentada por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. La base de la envidia es el afán de poseer y no el deseo de privar de algo al otro, aunque si el objeto en cuestión es el único disponible la privación del otro es una consecuencia necesaria. Se asocia la envidia al color verde o amarillo y existe incluso la frase hecha "verde de envidia" o "amarillo de envidia". La envidia es una sensación desagradable que ocasiona conductas desagradables para los demás. La envidia ha sido frecuentemente tema literario y ha inspirado mitos como el de Caín y Abel que aparece en el Génesis de la Biblia. Este Mito, en realidad, ejemplifica la rivalidad y conflictos históricos entre los sistemas de vida nómadas y sedentarios de pastores y agricultores que se han desarrollado siempre a lo largo de la historia, también entre los pueblos semíticos. El escritor de la generación del 98, Miguel de Unamuno, afirmaba que era el rasgo de carácter más propio de los españoles y escribió para ejemplificarlo su novela Abel Sánchez, en que el verdadero protagonista, que significativamente no da título a la obra, ansioso de hacer el bien por la humanidad, sólo recibe desprecio y falta de afecto por ello, mientras que el falso protagonista, que sí da título a la obra, recibe todo tipo de recompensas y afecto por lo que no ha hecho, ya que es el tipo de persona que cae bien a todo el mundo porque no vale para nada y puede ser despreciado en secreto y no nos hace sentir mal a causa de nuestra inferioridad.

Doris Vilma Rodríguez dijo...

Naty, todos en algún momento de nuestras vidas hemos pasado por alguna situación en la que nos han envidiado. Lo importante es que nosotros no caigamos en el pecado que es la envidia. La envidia no es otra cosa que sentir disgusto por lo que tienen las otras personas. Es desear lo que otros tienen y no sentirse bien por lo que disfrutan los demás. Uno de los mandamientos nos habla directamente de la envidia, cuando nos dice: “No codiciarás los bienes ajenos”. Lamentablemente muchas personas no siguen las normas de nuestro Señor Jesucristo y se condenan deseando lo que tienen los demás o pretendiendo tener más que los que le rodean.

Tengo recuerdos de antaño sobre las supersticiones de la gente respecto a la envidia. Recuerdo que cuando un niño nacía los familiares le compraban un azabache y se lo colocaban en la ropa o en una prenda, con el propósito de protegerlos contra la envidia. Esto se hacía para protegerlos del mal de ojo. Cuando mí niño nació hace 10 años, todavía era común ésta práctica. Mi madre le trajo un azabache, yo no creo en eso, pero quien le lleva la contraria a ella. Hoy día no es muy fácil conseguir un azabache, antes lo vendían hasta en las quincallas. De igual forma que el azabache supuestamente los protege, la gente de antes tiene muchas supersticiones y hace un sin número de cosas para protegerse contra la envidia y otros males.

En lo que si creo fielmente es lo que indicas en el último párrafo. Debemos cuidarnos respecto a con quien andamos. Hay un dicho que dice: “Dime con quien andas y te diré quien eres”. A lo que me refiero es a que debemos conocer con quien estamos y cuales son sus intenciones respecto a nosotros y al prójimo. Esto nos ayuda a protegernos y tal vez hasta a hacer que los demás se den cuenta del pecado que están cometiendo y no vuelvan a incurrir en conductas similares. Si conocemos a alguien que incurre en conductas envidiosas, debemos saber como le hablamos y utilizar ejemplos relacionados con su persona, pero sin ofensas para que puedan reflexionar y cambiar o modificar su proceder.

yolanda dijo...

Naty, ¿cómo estás? Tu tema la envidia, es un pecado que se alimenta por energías siniestras desde antes de la creación, cuando Lucifer por envidia al poder de Dios le desafía. Él envidia el que ames al Creador. Por envidia Caín, hijo de Adán y Eva, mató a su hermano Abel, pues sus ofrendas agradaban más al Señor que las suyas. Otro caso bíblico lo es, cuando Jacob hijo de Isaac, engaña a su padre y a su hermano Esaú, por obtener su primogenitura. Así sucesivamente podemos amanecernos relatando hechos de la humanidad colmados de este sentimiento. El más reciente es la envidia que tienen los gobiernos occidentales de los que poseen el oro negro, el petróleo.

El hombre cuando es niño experimenta con frecuencia estos sentimientos, pero los controla con ayuda del adulto consciente y educado, el cual le demuestra con ejemplos que estos sentimientos hacen daño. Muchos seres humanos que no conocen el amor de Dios viven a raíz de este sentimiento que es negativo. Lo peor del mundo es descubrir que la persona que tú más aprecias, te envidia. Te das cuenta cuando quiere vivir su vida a través de la tuya, quiere hacer todo lo que tú haces. Hay casos que se conocen como envidia sana y la persona se motiva a mejorar, pero de ahí a que sea algo enfermizo hay que andar.

Mencionas personas que hacen magia negra para hacerle daño a las familias, te diré que si esa familia frecuenta y vive al amparo del poder de Dios, lo malo no le perjudica, pues Dios conoce a sus ovejas y cuida de su rebaño. No se le da poder a esto y verás como no hay brujería que les dañe. Eso sí hay que saber conocer estas personas y sacarle el cuerpo no permitirle la entrada a tu casa. Tienes que aprender a reconocer el animal ponzoñoso.

Se r envidioso enferma a la persona. No disfruta lo que tiene sufriendo por lo que no tiene y los demás sí. Por esto dice el sabio: en la desdicha siempre mira hacia atrás, habrá otro que coma las sobras que tú dejes. Vivir conforme las enseñanzas de Jesús es lo que más valor tiene para el ser humano lo material es pasajero.

Maria Porto dijo...

Envidia

Como diría el Chavo del Ocho en su popular programa de televisión: “la envidia nunca es buena, mata el alma y la envenena.” No hay nada peor que desear en todo momento lo que los demás poseen. La envidia nos aparta de la felicidad, nos conduce a otras faltas mayores, haciéndonos olvidar lo que somos y quiénes somos. La envidia nos aparta de Dios y de sus preceptos. Es una actitud que inevitablemente nos va a llevar al fracaso y a la condenación de nuestra alma.
Debemos aceptarnos cual y como somos, con humildad y dar gracias a Dios por todas sus bendiciones. Aunque pasemos por momentos difíciles si miramos a nuestro lado nos daremos cuenta que hay quienes viven en situaciones peores. Por qué nos pasamos la vida comparándonos con los demás en lugar de ver las cosas buenas que tenemos. Nos deleitamos en buscar las fallas, en buscar lo que nos falta, pero qué hay de buscar nuestras virtudes, por qué no podemos darnos cuenta que somos hijos de un Rey. Qué maravilloso sería si todos los días en lugar de querer lo que tiene el vecino nos levantáramos y dijéramos: “Señor, gracias por lo que tengo y por lo que soy.”

Félix Morales dijo...

La envidia ha sido frecuentemente tema literario y ha inspirado mitos como el de Caín y Abel que aparece en el Génesis de la Biblia. Este mito, en realidad, ejemplifica la rivalidad y conflictos históricos entre los sistemas de vida nómadas y sedentarios de pastores y agricultores que se han desarrollado siempre a lo largo de la historia, también entre los pueblos semíticos. El escritor de la generación del 98, Miguel de Unamuno afirmaba que era el rasgo de carácter más propio de los españoles y escribió para ejemplificarlo su novela Abel Sánchez, en que el verdadero protagonista, que significativamente no da título a la obra, ansioso de hacer el bien por la humanidad, sólo recibe desprecio y falta de afecto por ello, mientras que el falso protagonista, que sí da título a la obra, recibe todo tipo de recompensas y afecto por lo que no ha hecho, ya que es el tipo de persona que cae bien a todo el mundo porque no vale para nada y puede ser despreciado en secreto y no nos hace sentir mal a causa de nuestra inferioridad. Se mezclan emociones de naturaleza contradictoria, como por ejemplo, el deseo de tener lo que otro tiene, la admiración por lo que otro ha conseguido, el dolor por no tenerlo, la indignación por considerar injusta la diferencia que se observa o la incertidumbre por no entender a qué se deben las diferencias que producen la envidia. La envidia se produce como consecuencia de dos tendencias que llevan al individuo a desear lo que no tiene y a compararse con los demás. La naturaleza destructiva de la envidia, que permite diferenciarla de la envidia sana, se refleja en que la primera origina malestar emocional; sentimiento que en lugar de ayudarle a conseguir lo que envidia, se lo dificulta. El envidioso es incapaz de ponerse en el lugar del envidiado, para poder comprender su situación, o de sentir empatía hacia él. ¿Qué significa sentir empatía hacia alguien? Significa sentir lo que siente el otro.

Por Félix Morales

Maggie dijo...

De todos los pecados, la envidia es el de peor reputación. La lujuria, por ejemplo, despierta simpatías masivas entre jóvenes y maridos aburridos. La gula es grotesca y visible, y emerge en los sitios don comes de todo por un precio. La ira comporta un problema menor, un vicio de carácter. La avaricia es una bajeza, pero las mezquinas proezas en nombre del ahorro están a la orden del día: ¿quién no tiene un amigo que una y otra vez cae a cenar con las manos vacías? La pereza y la soberbia son deslices cotidianos, y los honramos cuando llegamos tarde al trabajo por remolonear en la cama o al opinar sin conocer del tema.


Para la mayoría de la gente, en cambio, la envidia es otra cosa. Para casi todos, la envidia es una enfermedad del alma, la corrosión de todo lo noble y tierno en el ser humano.


Es posible y hasta ordinario que alguien declare que es demasiado vago para empezar el gimnasio, o “calentón” e irascible con los mozos que se equivocan. Es posible que confiese su adicción a los dulces y revele que es “gordo de alma”, también que admita su arrogancia e incluso su tacañería; pero jamás en la vida, en ningún caso, se escuchará la confesión de un envidioso. Tan grave es su estigma social.


No es descabellado sugerir que la Iglesia católica ha sido el principal motor detrás de la campaña de difamación contra la envidia; basta con recordar que su sexto mandamiento pregona que desear intensamente lo ajeno es propio de gente ruin. Sin embargo, aunque la Iglesia pudo tener su parte, la envidia no es mala sólo porque tenga mala fama, hay algo malo en la envidia en sí.


Cuando envidio a otro -de manera más o menos rotunda- me estoy negando a mí mismo. La envida tiene mala fama porque es un suicidio del íntimo yo.
Este fracaso de no ser el otro, trae consigo un dolor inmenso. Un niño que pasa al lado de otro que tiene algo que el no tiene llora amargamente, porque el no tiene eso que el otro tiene. Tan poderoso es el ardor envidioso, que sólo existen dos alternativas: imitar o destruir. O nos transformamos en el objeto de deseo, o lo volvemos indeseable; podemos intentar ser la más linda o pisar a una más linda con el auto.


Para quienes imitan, queda siempre la esperanza de conseguir el objeto o la cualidad deseada. A través de esa mirada envidiosa pueden intentar, al menos, parecerse al imán de su codicia, y en el caso de los más tenaces, incluso pueden superarlo. Para quienes son incapaces de hacer ese esfuerzo, sólo queda una posibilidad: la aniquilación del objeto o la virtud envidiada. Si no es suyo, que no sea de nadie más.


Miren en el mundo de la droga como el dueño de un punto cada vez quieren mas y como se matan entre ellos. Aun cuando en el pasado pudieran haber sido amigos. Cuando existe la envidia ya no existe la amistad.

Guirmar dijo...

Envidia

La envidia es un sentimiento negativo del que se habla poco y se sufre en mayor o menor grado en la vida, se trata de un tipo de reacción que tienen la mayoría de los seres humanos y de aquí pueden surgir las mayores aberraciones tanto en sufrimiento personal como de proyección hacia los demás.

Si un niño ha pasado por episodios de envidia constante, nadie de su entorno le ha calmando esta ansiedad, crecerá con sentimientos de frustración y de vacío, será un adulto envidioso contaminado por el rencor a los éxitos ajenos, incluso de su propia pareja y amistades, llegando su vida a ser un verdadero tormento.

El observar o reconocer que algunas situaciones o personas provocan envidia es "positivo", ya que ayuda a reflexionar sobre los propios recursos y con ello aceptar nuestras propias limitaciones.

La admiración a determinadas personas, no significa tenerles envidia, es saber valorarlas y valorarse. Si sufres las miradas y las palabras de una persona envidiosa trata de pasarlas por alto, no eres responsable de su sentimiento, intenta descubrir la envidia a tiempo, te evitarás muchísimos problemas, no desarrolles confianza con las personas envidiosas.

Si eres una persona envidiosa y quieres salir de ese estado porque te está consumiendo la vida, la única forma de conseguirlo es conectarte con Dios.

guirmar

Nancy Vélez dijo...

“La envidia”
Saludos Naty:

La envidia corroe el alma y destruye al hombre. Es codicia, son celos. Es una enfermedad y el que la tiene sabe que Dios es el único que puede sanarla. Es de suma importancia reconocer que Dios establece en su palabra que los envidiosos no heredarán el reino de los cielos.

La Biblia establece “el corazón apacible es vida de la carne, mas la envidia es carcoma de los huesos (Proverbios 14:30). Lo que despierta la envidia contra el prójimo es toda excelencia de obras (Eclesiastés 4:4). Por otro lado, cuando el hombre no toma en consideración a Dios, él permite que en su libre albedrío tome decisiones. Claro está, toda decisión tendrá sus consecuencias, sean buenas o sean malas.

Está sustentado en las Sagradas Escrituras en el libro de Romanos 1:28-32 donde dice “y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad, llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia, y quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hace, sino que también se complacen con los que las practican”. Vivir de espaldas a Dios trae como consecuencia que el corazón se llene de todo lo que es bueno y agradable ante los ojos de Dios. Tenemos que cuidarnos.

Es como tú expresas, buscan su propio beneficio y quieren alcanzarlo pasando por encima de los demás. Es importante orientarlos y educarlos de acuerdo con lo que dice la Biblia para que sepan lo errados que están. Si deciden permanecer en su conducta, deséchalos porque tienen su mente reprobada.

Cuídate mucho.

Por: Nancy Vélez

Carmenjoan.blogspot.com dijo...

Hola: Natalia
LA ENVIDIA
La envidia es una emoción experimentada por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. La base de la envidia es el afán de poseer y no el deseo de privar de algo al otro, aunque si el objeto en cuestión es el único disponible la privación del otro es una consecuencia necesaria.
Se asocia la envidia al color verde o amarillo y existe incluso la frase hecha "verde de envidia" o "amarillo de envidia".
La envidia es una sensación desagradable que ocasiona conductas desagradables para los demás. Tradicionalmente ha sido considerada uno de los siete pecados capitales.
La envidia ha sido frecuentemente tema literario y ha inspirado mitos como el de Caín y Abel que aparece en el Génesis de la Biblia. Este mito, en realidad, ejemplifica la rivalidad y conflictos históricos entre los sistemas de vida nómadas y sedentarios de pastores y agricultores que se han desarrollado siempre a lo largo de la historia, también entre los pueblos semíticos. El escritor de la generación del 98, Miguel de Unamuno afirmaba que era el rasgo de carácter más propio de los españoles y escribió para ejemplificarlo su novela Abel Sánchez, en que el verdadero protagonista, que significativamente no da título a la obra, ansioso de hacer el bien por la humanidad, sólo recibe desprecio y falta de afecto por ello, mientras que el falso protagonista, que sí da título a la obra, recibe todo tipo de recompensas y afecto por lo que no ha hecho, ya que es el tipo de persona que cae bien a todo el mundo porque no vale para nada y puede ser despreciado en secreto y no nos hace sentir mal a causa de nuestra inferioridad.
El camino para medrar está siempre sembrado de amistades rotas por la envidia.
El silencio del envidioso está lleno de ruidos.
En la envidia se mezcla el odio con la avaricia, el orgullo y, a veces, el amor.
Es tan fea la envidia que siempre anda por el mundo disfrazada, y nunca más odiosa que cuando pretende disfrazarse de justicia.
La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestran cuanto se aburren.
La envidia es la fiera que arruina la confianza, disipa la concordia, destruye la justicia y engorda toda especie de males.

Maria Porto dijo...

Envidia


Como diría el Chavo del Ocho en su popular programa de televisión: “la envidia nunca es buena, mata el alma y la envenena.” No hay nada peor que desear en todo momento lo que los demás poseen.

La envidia nos aparta de la felicidad, nos conduce a otras faltas mayores, haciéndonos olvidar lo que somos y quiénes somos. La envidia nos aparta de Dios y de sus preceptos. Es una actitud que inevitablemente nos va a llevar al fracaso y a la condenación de nuestra alma.

Debemos aceptarnos cual y como somos, con humildad y dar gracias a Dios por todas sus bendiciones. Aunque pasemos por momentos difíciles si miramos a nuestro lado nos daremos cuenta que hay quienes viven en situaciones peores. Por qué nos pasamos la vida comparándonos con los demás en lugar de ver las cosas buenas que tenemos.

Nos deleitamos en buscar las fallas, en buscar lo que nos falta, pero qué hay de buscar nuestras virtudes, por qué no podemos darnos cuenta que somos hijos de un Rey. Qué maravilloso sería si todos los días en lugar de querer lo que tiene el vecino nos levantáramos y dijéramos: “Señor, gracias por lo que tengo y por lo que soy.”

gloria_sentimientos dijo...

La envidia es uno de los pecados capitales. La cual nos produce mucho dolor, rabia al no poder tener lo que los demás tienen. En muchas ocasiones nos valemos de artimañas muy bajas para conseguirle. Envidiamos muchas cosas de otra persona, tales como sus bienes, su salud, su felicidad, situación económica. Pero no analizamos que hizo esta persona para llegar hasta ahí. Todos tenemos derecho a triunfar y alcanzar lo que nos proponemos. Hay que luchar por conseguir o alcanzar nuestras metas. Lamentándonos no vamos a conseguir nada, solo la lástima de los demás y la sociedad. La envidia comienza en ocasiones en el seno familiar. Comienzan los celos, la competencia y las rabietas. Es ahí donde se debe dar explicaciones a todo eso que le está provocando esa situación.
Hay que aprender que en la vida no se puede tener todo como y cuando uno lo desea. Hay que vivir y aceptar como somos y lo que tenemos. La persona envidiosa siente tristeza o disgusto por el bien ajeno. En muchas ocasiones surge de improviso, sin deseos de sentirlo y la persona se siente avergonzada. El odio comienza con la envidia. En la envidia el bien del prójimo se torna contra nosotros, nos rebaja, nos sentimos inferiores, muchas veces enfermos. Deseamos el mal para esa persona que nos hizo provocar la pasión de la envidia. La envidia es indignación deforme, desviada, injusta. El amor no tiene envidia. Cuando amamos nos sentimos felices de ver realizada a esa persona.
Cuando queremos ser como los demás porque admiramos unas cualidades o bienes de una persona la envidamos. La envidia es una emoción dañina, no demuestra el amor que se siente por los demás. Es una sensación desagradable que ocasiona conductas

también desagradables. Muchas veces herimos, ofendemos a nuestros compañeros, amigos o familiares por sentir envidia. La envidia casi siempre la sentimos hacia los seres mas queridos o cercanos, ya que son los que están con nosotros todo el tiempo y sabemos lo que poseen. Es considerada como uno de los pecados capitales, por lo tanto, es malo. Nos trae malos pensamientos. Nos corroe el corazón, no nos deja pensar, ni vivir tranquilos.